Descubrí Vampir de rebote. Sí, es evidente que la imagen de su protagonista, Fernand, se asemeja mucho al aspecto de Max Schreck en cierto filme recurrente en este Andrómenas; aunque no tiene nada de Nosferatu. También aparece el Golem, no obstante, no tiene que ver con la obra de Meyrink. Así podría seguir un rato. Y cuando digo que no tienen nada que ver, me refiero a que solo son fuente de inspiración.

El universo de Vampir toma de aquí y de allá: hay referencias al folclore judío, al cine de la República de Weimar, a Ewers, a Carroll, a Kafka, a Gainsbourg, a la Hammer… Todas son identificables e irrelevantes al mismo tiempo. No están puestas ahí para que reparemos en ellas y así poder establecer con nosotros un vínculo a través de las obras célebres de otros, forman parte del mundo interior del propio autor: Joann Sfar. Son las cosas que le fascinaban en su juventud, aquellas que conformaban su propio universo en la época en la que de su ingenio germinaban Fernand y tantos otros personajes que se concentran aquí.

Fernand está en la cáscara —dulcificada— del Schreck caracterizado de Orlok, mas dentro no hay nada que hubiese salido del caletre de Galeen o Murnau. Es una creación genuina de Sfar. Como toda creación genuina, se apoya en el bagaje cultural del autor. Porque sí, para crear hay que explorar lo que hicieron otros; porque para escribir hay que leer; porque para dibujar hay que haber visto antes. Porque genuino no significa que es diferente a toda invención ajena, quiere decir que procura sus propios caminos, que remueve en las entrañas de la persona que está creando.

La lectura de Vampir no me ha retrotraído a ninguna de esas obras identificables, no obstante, sí que me ha recordado a otra a la que no hace referencia: Dr. Slump de Akira Toriyama. He revivido, durante su lectura, las sensaciones que tenía cuando de niño veía su adaptación a la televisión en la TVG. Dr. Slump también es un pastiche de referencias irrelevantes, también es una creación genuina, también es una puerta al refugio personal del propio autor.

Sfar comparte con nosotros ese resguardo. Ese sitio donde el tiempo toma una dimensión diferente, como el del propio vampiro protagonista: eterno e inmutable. Un lugar donde hay conflicto, donde hay inseguridades, donde hay diatribas existenciales… pero donde no llueve que no vaya a escampar. Sobre todo se trata de un universo confortable, donde ser felices un instante.

Vampir nos habla del amor, del amor como búsqueda constante, del amor como ideal inalcanzable. Siempre he querido vivir en Penguin Village; ahora, si eso no puede ser —no pierdo la esperanza—, no me importaría vivir en la Lituania de Vampir.

El objeto

He leído la edición en español editada por Fulgencio Pimentel. Recoge los siete álbumes del cómic francés Grand Vampir. La edición de la editorial logroñesa me paree una maravilla: formato grande, por supuesto a color, con tapa dura pero al tiempo ligera, papel de gran gramatura y cuidado minucioso por el detalle. En los añadidos podemos leer una entrevista de Jérôme Briot al propio personaje de Fernand, algunas notas de Sfar sobre su creación y bocetos de los personajes. La serie se completa con otros dos volúmenes, de los que, tal vez, hable con la misma falta de rigor en otro momento.